Biofilms bacterianos: el refugio que construyen las infecciones crónicas

La sinusitis que regresa cada invierno a pesar de los antibióticos, la otitis que reaparece en los niños sin razón aparente, la cistitis que vuelve unas semanas después del tratamiento, o esa placa dental que se reforma sin cesar. Estas infecciones que se niegan a desaparecer dibujan un patrón reconocible. El antibiótico funciona unos días, los síntomas se alivian, y luego todo vuelve a empezar.

Cuando este ciclo se repite varias veces al año, hay algo más en juego que la propia bacteria. Las bacterias no siempre viven aisladas, flotando libremente en los fluidos corporales. Saben construir comunidades organizadas, envueltas en una matriz que secretan. Esta estructura se llama biofilm.

Como formas congeladas en ámbar, las bacterias se protegen rodeándose de una capa densa y translúcida que ni la inmunidad ni los antibióticos atraviesan fácilmente. Los biofilms están implicados en la mayoría de las infecciones crónicas y recurrentes. Comprender esta matriz, su función y cómo se mantiene cambia nuestra forma de interpretar estas infecciones que reaparecen una y otra vez.

El biofilm, una arquitectura colectiva

Un biofilm es una comunidad estructurada, organizada, capaz de comunicarse y coordinar sus defensas. Las bacterias que lo componen secretan una matriz extracelular polimérica, a menudo llamada EPS por extracellular polymeric substances. Esta matriz está compuesta de polisacáridos, proteínas, ADN extracelular y lípidos. Forma un gel denso que envuelve las células bacterianas y las mantiene unidas.

Dentro de este gel, las bacterias cambian de comportamiento. Ralentizan su metabolismo, entran en un estado de dormancia parcial y se vuelven hasta mil veces más resistentes a los antibióticos que sus homólogas planctónicas, aquellas que flotan libremente. La matriz actúa como un escudo físico que limita la penetración de las moléculas de los antibióticos, diluye su concentración y ofrece un entorno estable donde las bacterias pueden sobrevivir incluso bajo presión.

Los biofilms se forman donde las condiciones lo permiten. En catéteres, implantes médicos, válvulas cardíacas artificiales, pero también en las mucosas naturales del cuerpo: la boca, los senos paranasales, los oídos, la vejiga, los pulmones, el intestino. En cualquier lugar donde exista una superficie y un terreno desregulado ofrezca las condiciones favorables, un biofilm puede instalarse.

La señal que no falla: la recurrencia

El signo clínico más evidente de una infección por biofilm es la recurrencia. El antibiótico funciona durante unos días, los síntomas desaparecen y luego todo vuelve a comenzar al suspender el tratamiento. Este patrón se repite varias veces al año, a veces varias veces al mes.

Cuando se administra el antibiótico, mata las bacterias planctónicas, aquellas que circulan libremente en los fluidos corporales. Pero las que están envueltas en la matriz permanecen protegidas. Esperan.

Una vez terminado el tratamiento, se reactivan, se desprenden del biofilm, recolonizan el entorno y los síntomas regresan. Este ciclo puede durar años si el terreno sigue siendo favorable y si nunca se actúa sobre la matriz.

La boca: el biofilm más cotidiano

La placa dental es el biofilm más universal. Se forma sobre los dientes unas horas después del cepillado, una película translúcida y pegajosa compuesta de cientos de especies bacterianas organizadas en capas sucesivas. Si no se retira mecánicamente, se mineraliza y se convierte en sarro, una estructura aún más difícil de eliminar.

Este biofilm bucal perpetúa una inflamación crónica de las encías, llamada gingivitis, que puede evolucionar hacia una periodontitis si el terreno lo permite. La periodontitis está asociada a una inflamación sistémica de bajo grado que circula por todo el cuerpo.

El vínculo entre la periodontitis y la diabetes es uno de los mejor documentados. Las personas con diabetes tienen aproximadamente tres veces más riesgo de desarrollar periodontitis. Pero la relación es bidireccional.

La inflamación periodontal deteriora el control glucémico y agrava la resistencia a la insulina. El terreno metabólico desregulado favorece el biofilm, y el biofilm, a su vez, agrava el desajuste.

El biofilm bucal se elimina principalmente de manera mecánica. El cepillado, el hilo dental, la limpieza profesional en el dentista. Pero mientras el terreno siga siendo inflamatorio, mientras la carga total de carbohidratos se mantenga elevada de forma crónica, ya sea del pan, la pasta, el arroz, las frutas o los jugos, el biofilm se reforma rápidamente. El terreno cuenta tanto como la higiene mecánica.

Los senos paranasales: un refugio húmedo y cerrado

La sinusitis crónica afecta a millones de personas. Se manifiesta por una congestión persistente, dolores faciales, pérdida del olfato, un goteo post-nasal que nunca desaparece del todo. Los antibióticos funcionan unos días, y luego todo vuelve a comenzar.

Estudios realizados en muestras de mucosa sinusal obtenidas durante intervenciones quirúrgicas han revelado la presencia de biofilms en el 80 % de los pacientes con sinusitis crónica, frente al 0 % en los sujetos de control. Estos biofilms están compuestos de varias especies bacterianas, a menudo Staphylococcus aureus, Pseudomonas aeruginosa o Haemophilus influenzae, organizadas en comunidades densas y resistentes.

El tratamiento mecánico, mediante lavado nasal o desbridamiento quirúrgico, puede ayudar a retirar parte del biofilm. Pero mientras el terreno siga siendo inflamatorio, mientras las mucosas sigan congestionadas y la inmunidad local siga debilitada, el biofilm se reforma. La inflamación crónica, la alimentación proinflamatoria, el estrés crónico, todo esto crea las condiciones favorables para la persistencia del biofilm.

Los oídos: un reservorio oculto en la infancia

Las otitis recurrentes en los niños son otro ejemplo clásico. La infección parece curarse con antibióticos, pero regresa unas semanas después. Este ciclo puede repetirse varias veces al año durante años.

Un estudio publicado en JAMA en 2006 reveló la presencia de biofilms en el 92 % de las mucosas del oído medio de niños con otitis recurrentes, mientras que los cultivos bacterianos eran a menudo negativos. Estos biofilms actúan como un reservorio protegido. Las bacterias sobreviven allí entre los episodios infecciosos y se reactivan tan pronto como las condiciones lo permiten.

Reconocer esta señal, la recurrencia a pesar del tratamiento, orienta el abordaje hacia enfoques complementarios que se centran en el terreno y la inmunidad mucosa, no solo en la bacteria aislada.

Las vías respiratorias: bronquitis y moco

La bronquitis crónica y algunas infecciones pulmonares recurrentes también están asociadas a biofilms. Las bacterias quedan envueltas en un moco espeso y forman agregados a los que el sistema inmunitario y los antibióticos llegan con dificultad. Pseudomonas aeruginosa es particularmente conocida por formar biofilms en los pulmones, especialmente en personas con fibrosis quística.

El moco, cuando se vuelve demasiado espeso y estancado, ofrece un entorno favorable para la formación de biofilms. Los puentes disulfuro que mantienen esta viscosidad excesiva son parte de la matriz protectora. Aquí entra en juego el NAC, o N-acetilcisteína.

Al romper estos puentes, el NAC fluidifica el moco y debilita la matriz del biofilm. Estudios in vitro muestran que puede disolver completamente biofilms de Pseudomonas aeruginosa a concentraciones de 10 mg/ml. Los datos clínicos aún son limitados, pero la lógica mecanicista es sólida.

La vejiga y las infecciones urinarias recurrentes

Las infecciones urinarias recurrentes afectan principalmente a las mujeres. Se manifiestan por ardor, necesidad frecuente de orinar y, a veces, fiebre. Los síntomas parecen desaparecer con los antibióticos. Pero unas semanas después, los síntomas regresan.

Trabajos publicados en Science en 2003 revelaron la presencia de comunidades bacterianas intracelulares en las células de la vejiga, organizadas en estructuras llamadas pods. Estos biofilms intracelulares eluden al sistema inmunitario y a los antibióticos que circulan en la orina. Actúan como un reservorio inactivo que se reactiva periódicamente.

La vaginosis bacteriana, otra infección recurrente frecuente, también está asociada a biofilms de Gardnerella vaginalis. El equilibrio de la microbiota vaginal, la acidez local, la inflamación sistémica, todo esto influye en la formación y persistencia del biofilm.

Las enfermedades autoinmunes: una línea de investigación activa

El vínculo entre biofilms y enfermedades autoinmunes es una línea de investigación reciente, pero los datos comienzan a converger. Los biofilms producen moléculas que pueden estimular la autoinmunidad de manera indirecta.

En el lupus eritematoso sistémico, trabajos realizados en modelos animales han mostrado que los amiloides bacterianos producidos por algunos biofilms, llamados curli, pueden formar complejos con el ADN extracelular. Estos complejos son altamente inmunogénicos y estimulan la producción de autoanticuerpos.

Un estudio publicado en Arthritis & Rheumatology en 2020 observó que la presencia de una bacteriuria persistente causada por Escherichia coli productora de curli estaba asociada a los brotes de lupus en algunos pacientes. La investigación explora esta línea; el vínculo de causalidad en humanos no está establecido.

En la artritis reumatoide, el vínculo con la periodontitis es uno de los mejor documentados. Aggregatibacter actinomycetemcomitans, una bacteria presente en los biofilms periodontales, produce una toxina que induce una hipercitrulinación de los neutrófilos. Esta citrulinación excesiva genera autoantígenos citrulinados, dianas de los anticuerpos anti-CCP característicos de la artritis reumatoide. El biofilm bucal puede contribuir a desencadenar o agravar la autoinmunidad en personas genéticamente predispuestas, en un terreno ya debilitado.

Alzheimer y neurodegeneración: un factor de riesgo documentado

La periodontitis es un factor de riesgo documentado para la enfermedad de Alzheimer, respaldado por varios estudios epidemiológicos. Trabajos publicados en Science Advances en 2019 encontraron Porphyromonas gingivalis, una bacteria periodontal, y sus enzimas llamadas gingipaínas, en cerebros de pacientes fallecidos por Alzheimer. La presencia de estas bacterias en el cerebro no prueba la causalidad directa, pero documenta un vínculo que merece ser tomado en serio.

Otro mecanismo emergente se refiere a los amiloides bacterianos. Algunas bacterias producen proteínas amiloides, como los curli, que pueden interactuar con las proteínas amiloides humanas y favorecer su agregación. Estudios en modelos animales han mostrado que la exposición a los curli bacterianos aumenta la agregación de la alfa-sinucleína, una proteína implicada en la enfermedad de Parkinson. Estos datos son preliminares, provenientes de modelos animales, pero abren una vía para comprender cómo los biofilms podrían contribuir a la neurodegeneración.

Aterosclerosis: presencia documentada, causalidad en debate

Bacterias orales vivas, especialmente Porphyromonas gingivalis y Aggregatibacter actinomycetemcomitans, han sido encontradas en placas de ateroma extraídas durante cirugías cardiovasculares. Estas bacterias son viables e invasivas. No son simplemente transportadas por la sangre; colonizan activamente la pared arterial.

El vínculo entre periodontitis y riesgo cardiovascular está bien establecido en el plano epidemiológico. Pero la causalidad directa sigue siendo debatida. El biofilm bucal es tanto un marcador de un terreno inflamatorio desregulado como un motor adicional de la inflamación sistémica.

La inflamación crónica de bajo grado, la resistencia a la insulina, el estrés oxidativo, todo esto crea las condiciones favorables tanto para el biofilm bucal como para la aterosclerosis.

Cáncer colorrectal: el vínculo mejor establecido en el ámbito del cáncer

El cáncer colorrectal es el cáncer para el cual el vínculo con los biofilms está mejor documentado. Se han encontrado biofilms polimicrobianos invasivos en el 89 % de los tumores del colon derecho, frente a prácticamente ninguno en los tejidos sanos adyacentes.

Estos biofilms están compuestos de varias especies bacterianas, incluyendo cepas de Escherichia coli que producen colibactina, un compuesto genotóxico que daña directamente el ADN de las células intestinales, y Fusobacterium nucleatum, una bacteria periodontal también encontrada en los tumores colorrectales.

El mecanismo genotóxico de la colibactina está bien documentado. Induce rupturas de doble cadena del ADN, favorece las mutaciones y crea un terreno propicio para la transformación cancerosa. Fusobacterium nucleatum, por su parte, favorece la inflamación local, inhibe la inmunidad antitumoral y facilita la progresión tumoral.

El biofilm contribuye a crear un entorno favorable para el desarrollo y la progresión del cáncer colorrectal; la relación causal completa aún no se ha establecido.

El NAC: atacar los puentes de la matriz

El NAC, o N-acetilcisteína, es un precursor del glutatión, el principal antioxidante celular. Pero su acción sobre los biofilms no pasa únicamente por la antioxidación. El NAC rompe los puentes disulfuro que mantienen la cohesión de la matriz extracelular polimérica. Al romper estos puentes, debilita la estructura del biofilm y facilita su disolución.

Estudios in vitro muestran que el NAC puede disolver completamente biofilms de Pseudomonas aeruginosa a concentraciones de 10 mg/ml. Se observa un desprendimiento parcial desde 0,5 mg/ml. Estos resultados se obtienen en laboratorio, en condiciones controladas, y no pueden extrapolarse directamente a los seres humanos.

Pero la lógica mecanicista es sólida. Al actuar sobre la matriz en lugar de sobre la bacteria, el NAC ofrece un enfoque complementario a los antibióticos.

Una revisión publicada en 2016 en Respiratory Medicine analizó los efectos del NAC sobre los biofilms respiratorios. Los datos in vitro son alentadores, pero los ensayos clínicos aún son limitados. El NAC ya se utiliza como mucolítico en las infecciones respiratorias crónicas, y su perfil de seguridad está bien establecido.

El puente hacia las enzimas: nattokinasa y serrapeptasa

Las enzimas proteolíticas, como la nattokinasa y la serrapeptasa, actúan sobre otro tipo de matriz: la fibrina y las proteínas que engrosan el entorno extracelular. La fibrina, cuando se acumula de manera excesiva en los tejidos y los vasos, crea un terreno congestionado donde la inflamación persiste y donde los biofilms pueden mantenerse más fácilmente.

La nattokinasa y la serrapeptasa degradan este exceso de fibrina y reducen la densidad del entorno extracelular. Estudios in vitro también muestran que la serrapeptasa afecta la fisiología de algunas bacterias formadoras de biofilms, especialmente Pseudomonas aeruginosa.

Estas enzimas no actúan directamente sobre la matriz EPS del biofilm como lo hace el NAC, pero actúan sobre el terreno global reduciendo la congestión proteica y facilitando la circulación de las células inmunitarias.

Los tres enfoques convergen hacia una misma lógica: la eliminación de las barreras protectoras. El NAC actúa sobre los puentes disulfuro de la matriz EPS. Las enzimas actúan sobre la fibrina y las matrices proteicas.

Leer el biofilm como un refugio construido por las bacterias abre estos enfoques no como tratamientos antibacterianos clásicos, sino como herramientas para desestructurar estas matrices protectoras y hacer que el terreno sea menos favorable para la persistencia de la infección.

Lo que estos enfoques no pueden hacer: sus límites

Actuar sobre el biofilm no reemplaza un antibiótico cuando está indicado. En infecciones graves, septicemias, infecciones posquirúrgicas, la atención médica inmediata sigue siendo prioritaria. Estos enfoques son complementarios, no sustitutivos.

Tampoco funcionan de manera aislada. El terreno sigue siendo central. Mientras la inflamación sistémica persista, mientras la carga total de carbohidratos se mantenga elevada de forma crónica, mientras la microbiota siga desequilibrada y las mucosas sigan debilitadas, el biofilm se reforma. El biofilm prospera en un terreno desregulado, y a su vez, mantiene ese desajuste.

Los datos in vitro no son pruebas clínicas. Muestran lo que es posible en condiciones controladas, pero no garantizan la eficacia en humanos. Los estudios epidemiológicos muestran asociaciones, pero no prueban la causalidad. La investigación avanza, pero aún requiere tiempo para confirmar ciertos mecanismos y establecer protocolos validados.

Comprender el refugio para cambiar de perspectiva

El biofilm afecta a la mayoría de las infecciones crónicas y recurrentes. Comprender que las bacterias no viven aisladas, que construyen refugios organizados y resilientes, cambia la forma de comprender estas infecciones que regresan una y otra vez.

La matriz prospera sobre todo en un terreno desregulado. Actuar sobre el terreno, reducir la inflamación sistémica, desestructurar las matrices protectoras, todo esto abre vías complementarias a los tratamientos clásicos. Estas vías no reemplazan un seguimiento médico cuando es necesario. Actúan como complemento, en una lógica de soberanía y comprensión del cuerpo.

El biofilm es una señal. Dice algo del terreno. Leer esta señal abre otra manera de comprender lo que realmente ocurre en estas infecciones que se niegan a desaparecer.

AVISO: Este artículo tiene fines informativos y no sustituye un asesoramiento médico personalizado. La información presentada busca aclarar mecanismos biológicos documentados; cualquier decisión sobre tu salud, especialmente con patologías, tratamientos en curso o cirugía programada, debe discutirse con un profesional de salud cualificado.

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